lunes, 31 de octubre de 2011

La noche de Halloween: asesinos tras una máscara


La noche de Halloween ha sido siempre una ocasión ideal para asustar a nuestros amigos relatando historias de miedo sobre temibles asesinos que elegían dicha fecha para derramar sangre. Historias como podría ser la de Michael Myers, un niño de tan sólo seis años que con un cuchillo de cocina mata a sangre fría a su hermana mayor y es internado en un psiquiátrico. Tras quince años, Michael se escapa del psiquiátrico con un propósito en mente: asesinar a su hermana pequeña el día de Halloween.

Muchos creerán haber escuchado esta historia alguna vez, otros la reconocerán como la trama argumental de La noche de Halloween (1978) de John Carpenter, quien no sólo dirigió el filme sino que escribió su guión y compuso su música. Siempre ha sido clasificada de película independiente debido al bajo presupuesto con el que contó (menos de 350.000 dólares), pero a pesar de ello gozó de gran aceptación por parte del público, convirtiéndose en una de las películas más rentables de la historia con ingresos en torno a los sesenta millones de dólares en plena década de los sententa. Debido a esto se realizaron posteriormente ocho secuelas y varios remakes, entre ellos los que comenzaron por Halloween (2007) dirigidos por Rob Zombie y que esperan su tercera entrega para 2012.

A parte de por la espectacular acogida que tuvo entre el público y la crítica, La noche de Halloween es una de las películas de terror imprescindibles por ser considerada la primera “slasher”, aunque este subgénero ya se había ido cuajando con títulos como La matanza de Texas (1973). Las “slasher” se caracterizan por tener como protagonistas a un sanguinario asesino enmascarado cuyas víctimas suelen ser adolescentes y, a pesar de que este género se considere bastante “gore”, en esta película se ve menos sangre de la que cabría esperar. Esto se debe a que Carpenter consideró que aterraban más las escenas de gran tensión que no lo explícito de ver un asesinato al completo. Como anécdota, decir que la máscara de Michael Myers es una de las máscaras modificadas del actor que interpretó al capitán Kirk en Star Trek debido a que no tenían suficiente presupuesto para crear una nueva y original.

La película llamó mucho la atención debido a la cantidad de sencuencias en las que se utiliza el plano subjetivo del asesino; como en la famosa secuencia de arranque en la que presenciamos las acciones de Michael en primera persona. Esta forma de meternos en la piel del psicópata mientras contempla a sus víctimas ha sido muy recurrente en el cine de terror y suspense. Quizás fue por este tipo de planos por lo que pasaron desapercibidos la gran cantidad de fallos que contenía la película; algunos tan simples como el raccord al mostrar una calle mojada en un plano y en el siguiente seca, otros más rebuscados como el hecho de que en algunas escenas se puede ver el humo del cigarro del mismo Carpenter al que, por lo visto, le gustaba fumar cerca de la cámara.

A pesar de estos fallos y de que quizás hoy en día ya no impresione tanto, la crítica siempre ha aclamado la obra, incluso hay quien afirma que cambió el cine de terror; aunque para otros simplemente es una película más de esas que se consideran ideales para ver la noche de Halloween, cuya importancia se limita a haber inspirado tantas películas de terror de los ochenta y los noventa como Scream (1996) o Sé lo que hicisteis el último verano (1997).

domingo, 30 de octubre de 2011

Capcom, la máquina tragaperras (1ª parte)

Dinero, mentiras y juegos arcade

Lo quiero todo, lo quiero ahora”. El pegadizo estribillo del último éxito de Queen (I Want it All, 1989) resonaba en todo el mundo a principios de los noventa. Curiosamente, en aquellos años una veterana compañía de videojuegos japonesa llamada Capcom empezaba a tomar ciertas decisiones que a la larga traerían consigo gran controversia. Capcom lo quería todo y lo quería ya, o por decirlo de otra manera, quería dinero en grandes cantidades y rápido.

A principios de los noventa las máquinas árcades de Capcom dominaban las salas recreativas, compartiendo espacio con sus exitosas hermanas japonesas Sega, Konami y Nintendo. Sin embargo, con la llegada de las consolas de 12 y 32 bits a los hogares de todo el mundo (especialmente la Megadrive de Sega, la SNES de Nintendo y la Neo Geo de SNK), las salas árcades, tan populares la década anterior, perdían fuerza a pasos agigantados. Fueron títulos como el Street Fighter II de Capcom lo que permitió reactivar estos lugares de peregrinación juvenil, donde una generación entera se gastaba la paga semanal en cuestión de minutos.

El caso de los Street Fighter clónicos

Desde el primer momento Capcom nunca desaprovechó la oportunidad de explotar sus éxitos más rompedores, tales como Mega Man (1987), Street Fighter II (1991) o Resident Evil (1996). Convertir estos títulos en franquicias millonarias compuestas por docenas de secuelas, precuelas, remakes,… era un paso natural, ya que al fin y al cabo estamos hablando de un negocio. Sin embargo, algo extraño ocurría con la compañía nipona que la distinguía de resto. Tras el éxito abrumador de Street Fighter II, los fans apenas podían esperar a su secuela, Street Fighter III… sólo que no fue eso lo que recibieron.

En su lugar, Capcom lanzó al año siguiente Street Fighter II' Champion Edition, una versión actualizada del anterior con algunas novedades, pero en esencia el mismo juego. Los fans siguieron esperando, y un tiempo después apareció… Street Fighter II' Turbo, más de los mismo. Tras este, ¿veríamos al fin algo completamente nuevo? ¿Ese esperado Street Fighter III? Por supuesto que no, habría que conformarse con un Super Street Fighter II - The New Challengers, que incluía algunos luchadores nuevos. Tuvieron que pasar doce revisiones del mismo juego (incluyendo miniseries como la saga Street Fighter Alpha) y seis años para poder vislumbrar al fin Street Fighter III: New Generation (1997), el cual, irónicamente, apenas rozó el éxito de su antecesor.

Con el paso de los años el declive de las recreativas, las nuevas tecnologías y un público más exigente presagiaba el fin de los despropósitos para desangrar a los jugadores con pequeños añadidos…. ¿o no? Si los ahorros de la generación anterior desaparecían por las ranuras de las máquinas arcade, la invención del contenido descargable (popularmente llamado DLC) abría las puertas a nuevas posibilidades, y en algunos casos… aberraciones. Con el renovado éxito internacional que Street Fighter IV (2008) supuso para Capcom, la compañía no perdió el tiempo en lanzar paquetes DLC en forma de trajes alternativos para los luchadores. Eso sí, a un precio desorbitado, si tenemos en cuenta que eran algo puramente estético que no cambiada las mecánicas de juego.

Por supuesto que Capcom se guardaba un as en la manga en forma de nuevos luchadores, modos de juego, mecánicas,… pero, ¿para que distribuirlos como contenido descargable pudiendo lanzarlos bajo la apariencia de un juego nuevo, obligando a los fans de la saga a pasar de nuevo por caja? En 2010 salía al mercado Super Street Fighter IV, y este mismo año reaparecía retocado con el título de Super Street Fighter IV Arcade edition. Estas revisiones demostraban que, al fin y al cabo, Capcom estaba dispuesto a volver a las andadas si lo fans mordían el mismo anzuelo de casi veinte años atrás.

* En la segunda parte que veremos la próxima semana, hablaremos en la política de Capcom respecto a sus títulos de terror. Hasta entonces, nos vemos en la oscuridad.

Domingo en serie: A medio camino entre Fringe y Perdidos


Alcatraz sigue a la oficial de policía Rebecca Madsen (Sarah Jones) y al Doctor Diego Soto (Jorge Garcia), un friki/experto (táchese lo que se considere) sobre Alcatraz, la infame prisión de San Francisco. Ambos investigarán la reaparición de veinte guardias y presos de Alcatraz que llevaban quince años misteriosamente desaparecidos.

Aunque la serie debería haberse comenzado a emitir entre Septiembre y Octubre,lo cierto es que su estreno figura para Febrero de 2012 en Imdb. ¿Y qué actores forman parte del proyecto? Desde los ya mencionados Sarah Jones y Jorge Garcia, hasta un mítico del género como Sam Neill, pasando por Santiago Cabrera (Isaac Mendez en Heroes) o de la bella Parminder Nagra, entre otros miembros del reparto.

sábado, 29 de octubre de 2011

Spielberg ya piensa en Indiana Jones V y Jurassic Park IV


El llamado "Rey Midas" de Hollywood no para. Acaba de estrenar en Europa Las Aventuras de Tintín, en diciembre estrenará War Horse, que ya apunta hacia los Oscars, y, de acuerdo a sus declaraciones en la revista Empire del número de Noviembre, ha comenzado en Octubre a rodar Lincoln con Daniel Day-Lewis. Cuando termine con ese filme, espera poder ponerse a rodar en algún punto del verano de 2012 Robopocalypse, basada en la novela de Daniel H. Wilson, con una fecha prevista de estreno para el tres de Julio de 2013.

Y al mismo tiempo tiene intenciones de volver sobre sus dos sagas más famosas. Por un lado, George Lucas se encuentra trabjando en Indiana Jones V: " Tendríais que preguntarle a George Lucas. George es el encargado de crear una historia rompedora. Lo ha hecho así durante las anteriores películas, y me guste o no es un trabajo que le pertenece. Actualmente esta trabajando en la película, y aunque aun no tenemos guión me consta que esta trabajando en ella. Confío en él para que haga una buena historia. "

Por otra parte, y tras años y años de rumores, Spielberg confirma que se está trabajando en Parque Jurásico IV: "El guión esta siendo escrito en estos momentos por Mark Protosevich (uno de los guionistas de Thor). Espero que vea la luz a lo largo de los próximos dos años. De momento puedo decir que contamos con una buena historia, una historia mucho mejor que la que tuvimos para la tercera entrega de la saga".

Ni una palabra acerca de si será él mismo quien la dirija, aunque si está supervisando de forma directa el guión quizá decidiera volver tras las cámaras, lo que sin duda sería una fantástica noticia para el que escribe, que cayó en el mundo de cine arrastrado por la magia de Parque Jurásico y la capacidad visual de este genio que es Spielberg.

jueves, 27 de octubre de 2011

Django Unchained, de Tarantino, ya tiene protagonista


Kerry Washington ha conseguido el cotizado rol de Broomhilda en Django Unchained, el spaghetti western que Quentin Tarantino rodará este 2012. La actriz neoyorquina, conocida por sus papeles en El último Rey de Escocia o Ray, interpretará a la mujer esclava de Django.

Kerry Washington
Según leemos en Imdb, Tarantino siempre la tuvo en mente, pero prefirió hacer un amplio "casting" para ver si era capaz de descubrir a un nuevo talento para el papel. Apresurado por las fechas y ante la imposibilidad de encontrar alguien mejor, acabó decidiéndose por la actriz, de 34 años. Los hermanos Weinstein, que producen la película, acaban de iniciar las negociaciones con sus representantes, aunque el acuerdo no debería tardar, dada la relevancia que tendrá la película y su papel en ella.

Django unchained relata la lucha del exesclavo liberado Django (Jamie Foxx) por recuperar a su mujer, Broomhilda, a la que ha perdido en una partida de póker frente a Calvin Candie, propietario de la plantación de Mississippi Candyland, quien se entretiene jugando con sus esclavos negros: abusa sexualmente de ellas y obliga a ellos a enfrentarse en mortales peleas. Con ese objetivo, forma equipo con un cazarrecompensas alemán (Christoph Waltz), para iniciar una de esas historias de venganza que tanto le gustan al director de Kill Bill.

miércoles, 26 de octubre de 2011

"La Torre Oscura" llegará a la Televisión de mano de la HBO


Es un proyecto del que llevamos mucho tiempo oyendo rumores, noticias, dimes y diretes en torno al presupuesto y, al final, parece que se llevará a cabo. Con un presupuesto del que se han reducido entre 45 y 50 millones de dólares y ciertos cambios en el guión, el proyecto de rodar una trilogía de filmes y dos miniseries sigue luchando por salir adelante. Las últimas informaciones aseguran que la HBO, cadena de televisión estadounidense detrás de éxitos como Los Soprano, True Blood o Mad Men, será la encargada de llevar a cabo esas dos miniseries que completarían la trama de la trilogía de La Torre Oscura, que en principio debería dirigir Ron Howard. El papel protagonista sigue en manos del español Javier Bardem, quien acaba de ser confirmado como el villano de la nueva entrega de James Bond, por ahora bajo el título de Bond 23. Os dejamos con una de las secuencias más tensas de la película por la que Bardem ganó el Oscar a mejor actor, No es pais para viejos.

martes, 25 de octubre de 2011

Crítica de "Las Aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio"


Quizá en Estados Unidos no se le conozca mucho, por aquello de ser un comic europeo. Sin embargo, Peter Jackson lo conocía y de pequeño, mucho antes de rodar una de las trilogías fantásticas más exitosas de la historia del cine, viajaba por el mundo de la mano de Tintín, un reportero que junto a su inseparable mascota, Milu, vivía mil y una aventuras saltando de continente a continente.

Los comics de Tintín han sido para muchos una vía de escape y aventura en los años de juventud. El que escribe reconoce no haberse leído todos los números de sus aventuras, pero sí que ha leído los suficientes (a veces incluso robándoselos a escondidas a su hermano mayor) como para conocoer el espítu aventurero del protagonista. 

Y es precisamente ese espíritu con el que Spielberg se embarca en el proyecto y el que impregna a lo largo de todo el metraje, dos horas que se pasan en un suspiro entre misterios, revelaciones, acción y diálogos que parecen sacados de los propios comics. Y es que se nota que Spielberg contactó con Hergé en 1983 para conseguir los derechos sobre la adaptación cinematográfica y que el director de Parque Jurásico respeta el material. Desde entonces, Spielberg quiso rodar un filme de aventuras clásico protagonizado por Tintín, Milú y todos los personajes del universo creado por Hergé.

Al unir fuerzas con Peter Jackson tras probar la tecnología 3D que James Cameron había empleado para rodar Avatar, los directores, considerados dos de los narradores más visionarios de la actualidad, fueron conscientes de que era el momento de unirse para rodar una trilogia de filmes sobre Tintín. El primero, el que ahora llega a los cines, dirigido por Spielberg; el segundo será dirigido por Jackson (que en esta primera entrega no sólo produce sino que figura en los créditos como director de segunda unidad). El tercero, aun sin confirmar, sería dirigido por otro director de confianza de los dos. (¿Alguien ha dicho Edgard Wright? ¿He oido Joe Cornish?).

Y así llega a las pantallas esta aventura, clásica, en la línea del Spielberg de Indiana Jones, con ese aire infantil que la convierte en un producto difrutable por toda la familia pero con el encanto visual del mejor Spielberg. Con Peter Jackson dirigiendo la segunda unidad, el resultado es fantástico en todo lo referente al estilo visual. Desde el uso de la luz en cada localización hasta el empleo de la cámara en ambientes 3D, que otorga al director una libertad total de movimientos y planificación en cualquier escenario. El resultado es realmente espectacular, en especial en las secuencias de acción como la persecución en Marruecos, la fuga en el barco o el clímax final entre gruas. Spielberg se beneficia también de las oportundiades visuales de trabajar en entornos digitales, creando toda una serie de transiciones imposibles con las que es capaz de fusionar una y otra vez la acción del tiempo presente con los flashback del capitán Haddock.

Después de consultarlo con la Fundación Hergé, los realizadores ficharon a los guionistas Steven Moffat y el equipo formado por Edgar Wright y Joe Cornish para darle forma a la adaptación. Para presentar el universo de Tintín al mayor público posible, los realizadores decidieron combinar sus tres libros favoritos de Tintín: El cangrejo de las pinzas de oro, El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham el Rojo.

Basado en los clásicos personajes creados por Hergé y en varias historietas, la historia sigue al curioso e insaciable joven periodista Tintín (Jamie Bell) y su leal perro Milú cuando descubren que la maqueta de un barco contiene un secreto explosivo. Arrastrado por un misterio centenario, Tintín se encuentra en el punto de mira de Ivan Ivanovitch Sakharine (Daniel Craig), un diabólico villano que cree que Tintín ha robado un valioso tesoro vinculado a un cruel pirata llamado Rackham el Rojo. Pero con la ayuda de su perro Milú, el mordaz y cascarrabias capitán Haddock (Andy Serkis) y los torpes detectives Hernández y Fernández (Simon Pegg y Nick Frost), Tintín viajará por medio mundo, siempre yendo un paso por delante y siendo más astuto que sus enemigos en una persecución para hallar el lugar donde finalmente descansa “El Unicornio”, un navío hundido que puede contener la clave de una cuantiosa fortuna... y de una antigua maldición.

Las Aventuras de Tintín: El secreto del unicornio es una fantástica aventura que no termina de tomarse demasiado en serio (con lo que gana en agilidad y diversión) y en la que pronto uno olvida el descomunal trabajo tecnológico que requiere llevarla a la pantalla porque, sencillamente, la aventura te atrapa. No es la mejor película del director, pero es el mejor Spielberg tras las cámaras de una aventura al son del mítico John Williams.   ¿Qué más se puede pedir?

domingo, 23 de octubre de 2011

Domingo en serie: El terror de American Horror Story



La nueva serie de Ryan Murphy, creador de Glee, es un thriller de terror que rinde homenaje a los grandes títulos del cine de género, de la mano de un reparto encabezado por Jessica Lange, Dylan McDermott, Connie Britton y Frances Conroy.

Fox International Channels ha suscrito un acuerdo con 20th Century Fox Television a través del que ha adquirido los derechos de estreno de la serie en todos los canales Fox fuera de EEUU. Así, la serie se emitirá todos los lunes en España a partir del siete de noviembre, a las 21.30 horas,antes de The Walking Dead, una sesión doble de terror para los lunes por la noche.

Ryan Murphy, famoso por haber creado series tan conocidas como Glee, en la que ha dado rienda suelta al género musical en televisión, acomete esta temporada una nueva aventura al adentrarse en otro género clásico del cine, trasplantado ahora de su mano a la pequeña pantalla: el terror.

Porque terror e infinidad de sorpresas es lo que nos ofrece American Horror Story, la nueva criatura de Murphy y de su co-guionista habitual Brad Falchuk, un relato de trece episodios de duración en el que los creadores nos proponen un original repaso a los ingredientes clásicos del género, a los que han añadido diversas dosis de sexo, misterio e ironía que aportan cierto toque de distinción a esta esperada producción.

La serie también debutará esa misma semana al resto de los canales de Fox distribuidos fuera de Estados Unidos. Este estreno simultáneo en más de 120 países de Europa, América Latina y Asia llega sólo un mes después del inicio de emisión de la serie en Norteamérica, donde ha comenzado el pasado el 5 de octubre en el canal de cable FX (también propiedad de Fox Entertainment Group).

Nosotros ya hemos podido ver el inicio y desde luego, promete. Sorpresas sin fin, giros inesperados, momentos escalofriantes y misterios que envuelven a un grupo no menos inquietante de personajes. Trece episodios llenos de terror que ningún amante del género debería perderse.

sábado, 22 de octubre de 2011

Comienza la carnicería con el primer avance de Piranha 3DD


Bienvenidos a "The Big Wet Water Park", el parque acuático con mayor índice de pechos de silocona del mundo y con un pequeño problema en sus cañerias: una inmesa horda de pirañas gigantes y asesinas. Aunque su estreno inicial estaba anunciado para este Otoño, la película ha sido retrasada hasta algún punto de 2012. Aunque ya no encontramos a Alexander Ajá tras las cámaras, este priemr avance, mostrado durante la última edición de los Scream Awards del canal Spike TV, demuestra seguir las reglas de toda secuela: hacerlo todo meas grande. Y sí, ese que veis en el trailer, es el antaño héroe de la televisión.


Piranha 3DD Trailer by DrMalo

viernes, 21 de octubre de 2011

Crítica de Paranormal Activity 3


Durante el pasado Festival de Sitges se habló del estilo "cámara en mano" imperante en el género de terror y fantástico como algo ya pasado, fuera de moda y poco original. Rodrigo Cortés, durante la rueda de prensa de Emergo, película escrita y producida por él mismo y que emplea esas mismas técnicas, salió en defensa de su utilización. El director de Enterrado defendía que criticar el empleo de esta técnica porque ya lo hicieron en [REC] o El Proyecto de la Bruja de Blair es como criticar  el uso de travellings porque Scorsese o Eastwood ya lo hicieron en su momento. La cámara en mano es una técnica, una herramienta narrativa que los directores eligen para contar su historia.

El problema es que Paranormal Activity lleva ya tres entregas y el efecto de estar grabado así ya no supone un plus, un extra. Como no lo supone para películas como Emergo o Apolo XIII. Por tanto, hay que buscar fórmulas narrativas, ya sea en guión o dentro de la propia técnica de cámara en mano, que lleven la narración a un nuevo peldaño. En Paranormal Activity 3 los directores Henry Joost y Ariel Schulman llevan al espectador al pasado. Si la primera entrega seguía al personaje de Katie y la segunda a su hermana Kristi, en esta tercera entrega el espectador viaja en el tiempo hasta 1988 para ver cómo las dos niñas se encuentran por primera vez con el mal.

Durante toda la película los directores juegan a crear en el espectador la falsa seguridad de tener varias cámaras, varios puntos de vista, que permiten conocer los rincones de la casa, familiarizarse con el entorno y saber al mismo tiempo qué ocurre en la habitación de las niñas, en la de sus padres o en el salón. Sin embargo, de forma inteligente, el tercer acto lleva al espectador fuera de ese territorio conocido y con una sóla cámara. Y ya sabemos lo que eso significa: un sólo punto de vista. En un gran acierto por parte de los directores, el climax de la película esta grabado en lo que parece un plano secuencia (probbalmente trucado, igualmente efectivo) que imprime una sensación de suspense por ese único punto de vista, por no conocer a ese nuevo lugar en que se mueven los personajes (y el espectador con ellos) y porque la falta de cortes aumenta la sensación de experiencia en vivo que tan bien funciona en estas películas.

Si algo cansa de esta película es el final. No por cómo esta rodado (que me parece un acierto), sino porque, argumentalmente hablando, es una explicación que en el último año hemos visto al menos en otros dos filmes diferentes. Uno de ellos visto en Sitges 2010 y otro visto hace apenas unos días en Sitges 2011. No diremos qué titulos porque estaríamos reventando el final de Paranormal Activity 3 para cualquiera que los haya visto.

Vista la película y revisado el segundo trailer (abajo) me asaltan varias dudas. ¿Es el montaje mostrado en Inglaterra (donde hemos visto el filme) diferente al estrenado en Estados Unidos? Si es el mismo, ¿por qué al menos tres momentos impactantes del trailer oficial no han acabado en el montaje final?

jueves, 20 de octubre de 2011

The Walking Dead, presentación del nuevo libro


En 1968 George A. Romero renovó con su cruda ópera prima, La noche de los muertos vivientes, el cine de zombis. Aunque no fue el primero en utilizar estos seres en la pantalla grande (como ya contó nuestra Natalia Vivancos hace unas semanas), sí se le reconoce la paternidad del prototipo de zombi que forma parte de la memoria colectiva: el muerto viviente andrajoso, en constante estado de descomposición y caníbal. El mismo tipo de muerto viviente que en el 2003 Robert Kirkman utilizaría en una colección de Image Comics destinada a perdurar tanto como sus protagonistas: The walking dead.

Este libro trata precisamente sobre la conocida obra de Kirkman, analizando el cómic de Los muertos vivientes, conociendo un poco más a sus autores, descubriendo detalles y curiosidades sobre la creación, deteniéndose en sus personajes, sobreviviendo con ellos, y dando un paseo, página a página, hasta la adaptación televisiva realizada por AMC, con Frank Darabont a la cabeza y con la participación cercana del propio creador de la historia, Robert Kirkman. Por si esto fuera poco, Charlie Adlard, dibujante de la serie regular de cómics, realiza el prólogo y concede a los autores una extensa entrevista.

Nadie está a salvo. Cualquiera puede arremeter contra el prójimo. Los informativos abren sus minutos de televisión con noticias terribles, de muertes y de guerras. La sociedad actual respira violencia… y si ya es algo cotidiano… todo empeora cuando los muertos caminan entre los vivos.

 Sinopsis escrita por Diego Matos y Alberto Vicente,
autores de Caminando entre los muertos.

Tierra de segundas oportunidades


Si te encontraras con otra versión de ti mismo, ¿qué dirías? Y si tuvieras otra oportunidad en una vida exactamente igual que ésta sólo que diferente, ¿qué te atraería, qué te asustaría y, en su caso, qué te detendría?

La primera, provocadora e introspectiva película de Mike Cahill, Otra Tierra, cuenta la cruda y conmovedora historia de Rhoda Williams (Brit Marling, premio a mejor actriz en el Festival de Sitges), una inteligente joven que busca la forma de reparar una terrible tragedia. Vive en un mundo como el nuestro, salvo que, repentinamente, a lo largo de la noche, en el cielo aparece un planeta misteriosamente idéntico –llamado provisionalmente Tierra 2–, como un gigantesco y reflectante espejo gravitando sobre nosotros.

Para Rhoda, ese extraño e inquietante planeta, así como la realidad paralela que los científicos afirman que brinda, constituye su última esperanza. Absolutamente perdida tras sufrir un espantoso accidente que puso fin a sus sueños de convertirse en astrofísica, Rhoda no tiene ninguna perspectiva de futuro. Llevada por la necesidad vital de enfrentarse a su pasado, Rhoda termina presentándose en la casa del hombre cuya vida alteró irremisiblemente: el reputado compositor John Burroughs (William Mapother).

Confusos, recelosos y repletos de dudas en torno a su propia identidad, Rhoda y John inician una inverosímil a la vez que peligrosa relación amorosa. Pero cuando Rhoda tiene la increíble oportunidad de viajar a Tierra 2, se pondrá de manifiesto la oculta realidad de su relación y se suscitará la cuestión: ¿Y si de los enigmas del universo que aún no conocemos el mayor somos nosotros mismos?

 Otra Tierra es una de esas pequeñas películas que llegan a Sitges con el aura de película indie, con ese aroma a cine independiente, a Sundance, que atrae y repele a partes iguales al público de Sitges. Al igual que el año pasado ocurría con Monsters, el público se divide en dos: los más fanáticos del Festival que piden mucho más ritmo, más acción o más sangre, y por tanto, salen decepcionados de una película que utiliza la ciencia ficción como excusa, como marco, de un drama y no al revés. Al igual que ocurre con Monsters, Otra Tierra es una metáfora sobre los humanos. En palabras del director, Mike Cahill, con el que pudimos hablar tras la proyección en Sitges, "el cine de género es una de las mejores formas de acercarse a la sensibilidad y emociones humanas". Y eso hace la película, con una aspecto visual que denota su aire independiente, pero que no por ello resulta menos atractiva, el espectador necesitará unos minutos para pensar, replantearse lo que cuenta la historia y qué posibles significados tiene el final, abierto, misterioso.


miércoles, 19 de octubre de 2011

Contagio esparce el terror y la paranoia por la taquilla


Como bien apuntan nuestros compañeros de Sensacine, la semana comenzaba con un nuevo líder en la taquilla española. El último trabajo de Steven Soderbergh, Contagio, ha sido la elección mayoritaria entre los espectadores que han acudido este pasado fin de semana al cine. Aún así, la película protagonizada por Matt Damon, Marion Cotillard, Gwyneth Paltrow, Kate Winslet y Jude Law sólo ha obtenido unos ingresos de poco más de 1,09 millones de euros.

El filme es sin duda otra muestra más del buen hacer cinematográfico de Soderbergh, desplegando un plantel de estrellas para una película de catástrofes poco habitual en Hollywood. El director de Traffic no se plantea en ningún momento contar una "historia" al uso; Soderbergh no necesita narrar la historia de un único protagonista y su lucha por sorbrevivir en medio del caos mundial. Contagio es el retrato coral y multicultural de cómo el mundo colapsa a partir de una nueva enfermedad de inmensa mortalidad.

Cuando la vimos en Sitges, nuestra robota corresponsal dio fé del miedo que esta película provoca.  Si bien la historia es sencilla como ella sola (narra la expansión de un contagio y sus efectos, sin miramientos), el filme está dotado de un ritmo impecable. El director se mueve de un lado a otro del planeta como quien cambia de camisa y lo hace con una elegancia que diferencia al que intenta hacer cine del que realmente lo consigue. Contagion es cine de terror de verdad. De esos miedos que asustan por lo palpable, por lo factible de su premisa, y que provocan una oleada paranoica en los espectadores. Mientras uno ve la película se sorprende apartando las manos de la boca, mirando con recelo cualquier estornudo, tos o carraspeo de las butacas cercanas. Soderbergh no necesita una demostración de verborrea científica para explicar cómo funciona el virus. Le bastan unos cuantos planos perfectamente compuestos para que no volvamos a montarnos en un autobus urbano con la misma confianza.

Y aprovechando que Contagio lidera la taquilla, nuestros amigos de Sensacine han realziado un reportaje sobre pandemias en el cine. Podéis echarle un vistazo haciendo click aquí.

martes, 18 de octubre de 2011

Attack the block, trailer subtitulado



Tras arrasar en el Festival de Sitges (con nada menos que cuatro premios) ya podéis ver el trailer subtitulado al español de Attack the Block, la película de Joe Cornish que se estrenará en Diciembre y al que entrevistamos para Cookies on the Net.  Pronto podréis ver la entrevista en exclusiva. Por ahora, disfrutad de este avance.



La película cuenta la historia de una banda compuesta por jóvenes de un barrio del Sur de Londres que defenderán su bloque de viviendas de una invasión alienígena. Aprovechamos para recordar lo que nuestra robótica y fanteastica corresponsal en Sitges comentaba sobre ella:

"La práctica ausencia de material extraterrestre en el certamen de este año (a la espera de Nacho Vigalondo) se compensa con esta historia rodada desde el interior de un bloque de edificios suburbiales, asediado por bichos en un casi continuo fuera de campo. Sin embargo, la auténtica subversión del filme es ese modo de erigir a los gamberros de barrio londinense, tan noticiosos últimamente, en héroes incomprendidos. No falta un secundario clamando que siempre se arresta a la gente equivocada. ¿Podemos simpatizar con una panda de maleantes que dedica las horas a emborracharse, drogarse, abusar del débil y atracar chicas desprevenidas? Bien, también a salvar nuestro planeta de amenazas sobrehumanas. Pero dado que eso sólo pueden soñarlo frente a las consolas, permítanme decir que en mi caso resulta complicado empatizar con estos chicos. Connotaciones sociales aparte, en las que Cornish no pretende meter baza, la película no es Zombies party (Edgar Wright, 2004) ni Scott Pilgrim vs. the world (Edgar Wright, 2010), como se anuncia, pero su alma de gamberrada pop las hermana".

lunes, 17 de octubre de 2011

“Transgression”, más allá de un simple robo


Para los que conozcan el cine de Enric Alberich, hasta ahora discursivo e intimista, quizás sorprenda encontrarse con una película modesta y comercial cuya idea nació como un proyecto de género basado en unos sucesos acontecidos en España. Más allá del cliché que supone encerrar en una casa toda la acción y el suspense mezclándolo con una familia de clase alta y unos ladrones que pretenden cambiar su vida en una sola noche, con Transgression (2011) nos encontramos un thriller psicológico en el que podemos llegar a ahondar en el drama interno de cada personaje. 

Precisamente en esto reside lo mejor del filme. Los personajes, aunque a priori muy arquetípicos, no se quedan en el mero convencionalismo. Como el propio director indica, “el titulo de la película no sólo hace alusión al hecho de que unos ladrones invadan una casa, sino que son los propios personajes los que se transgreden a sí mismos, los que traspasan las reglas del juego, del compañerismo, del matrimonio…”. Partiendo del género, se puede atisbar un trabajo con los actores en el que se ha creado un trasfondo de duplicidades donde los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos. Esta arquitectura narrativa no se basa en la construcción de unos arcos de transformación, sino más bien de crear un juego de doble cara en el que podremos descubrir que detrás de la mujer fatal enamorada del poder y del dinero de su marido se esconde una poderosa estratega o que el personaje más salvaje sea el que acabe rindiéndose al amor. 

A pesar de tratarse de cine español, Alberich se aleja de éste creando un relato universal cuyos personajes y acciones podrían situarse en cualquier lugar (quizás esto sea consecuencia de de que el producto sea fruto de una coproducción internacional entre España, Italia y Canadá). Y aunque la primera imagen que se nos ofrezca sea la ciudad de Barcelona, ésta se queda relegada a un plano casi nulo y circunstancial, logrando que la globalización y el multiculturalismo que caracterizan al tiempo presente en el mundo actúen de manera positiva en la verosimilitud de la película. En base a esto, es un acierto que nos encontremos ante un casting internacional para interpretar a tan variados personajes y que se apueste ante todo por un terror y un tratamiento de la violencia real. “La vida es imperfecta y como tal, las acciones en la película también lo son, que uno tropiece o que las cosas no se solucionen con un tiroteo nos aporta un concepto de acción realista. Esta historia es algo que podría pasar, no es una ficción de efectos especiales a las que nos tiene acostumbrados Hollywood”, afirma Alberich.

Seguramente sea el propio cliché del género el que juegue en contra de esa verosimilitud, poniéndola en duda al principio del largometraje, pero solventándola con el ligero dramatismo realista con el que se ha pintado a los personajes de este thriller.


sábado, 15 de octubre de 2011

Día 15 de octubre: Drive me to the moon... of Sitges


Al final de todas las cosas siempre hay un coche esperando para conducirnos a alguna parte. ¿A dónde huye el fanático del cine fantástico después de Sitges? Contamos los meses para el año que viene… y de repente no nos importa a qué vehículo nos subamos, ni a dónde nos lleve. Ni quién ejerza de chófer. Pero, ¡oh, sorpresa!, la morriña se espanta en cuanto las luces del Auditori se apagan al comienzo de su último estreno, quizá el más esperado del certamen. Otras veces hemos sentido tedio, inquietud o somnolencia, en este caso se produjo una felicidad extrema. A pesar de toda la tristeza por nuestra partida.

Bendecida por el premio al Mejor Director en el pasado Festival de Cannes, Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) es las dos cosas que más se han repetido y más admiradas han sido a lo largo de estos diez días: un romance moderno y un bestial explosión de emociones reprimidas. Sin que falte ese leitmotiv de aroma a fábula, que en este caso corresponde a la famosa moraleja del escorpión que no pudo refrenar su instinto asesino y picó a la rana que estaba ayudándolo a vadear el río. Un especialista de cine sin nombre (Ryan Gosling) compagina sus trabajos en la industria de Hollywood y un garaje con trabajillos para atracadores de poca monta. Entonces se cruza en su rellano una vecina (Carey Mulligan) y las complicaciones, como quien dice, vienen rodadas.

¿Es capaz de amar un tipo de límites morales dudosos? ¿O puede el amor conducir a un hombre a dicho extremo? Drive puede definirse, precisamente, desde lados contrapuestos, como una pesarosa versión soft y sin humor del universo Tarantino o como la historia de amor con su justo contrapunto bestia más potente que hemos visto en los últimos tiempos. Bella y desgarradora por dentro y por fuera, la película bebe de referencias ochenteras (esos rótulos de un rosa petardo; esa omnipresente, no menos petarda y encantadora banda sonora con canciones), maneja un increíble sentido de la iluminación y nos deja para el recuerdo escenas tan sublimes, sutiles y al mismo tiempo brutales, como la del ascensor. Vean y comprenderán, se lo dice una robota sin sangre que ha rozado la adrenalina contagiosa de este flamante largometraje.

Un viaje que arranca y termina, confiamos, sin un fin real. Deseábamos aparcar y mirar a las estrellas, a la luna menguante de Sitges que también se despide de sus fervientes participantes. Pero la sesión sorpresa llegó de la mano de William Friedkin, que hace reverberar el absurdo que reina en sus películas previas, como El exorcista (1973), en Killer Joe. O como podríamos rebautizarla: la cinta aguafiestas. Una galería de personajes en principio pintorescos y, tal es norma por aquí, completamente idiotizados, se mueven por esa América profunda de rancios secretos. En su recorrido, una sucesión de sinsentidos desagradables, carentes de motivaciones, despistes como callejones sin salida y ganas de hacer reír al personal de la forma más surrealista y patética. Ni siquiera merece la pena un resumen del argumento, ya que éste apenas es tal cosa. Valga con que Matthew McConaughey intenta desvincularse una vez más de su pose seductora para encarnar a un dudoso asesino psicópata al que acude una familia de lo más rastrera por sucios asuntos. Puaj.

El colofón, bastante concurrido, en la sala de prensa. Ángel Sala, director del festival, leyó junto al Jurado (formado por J.A. Bayona, Quim Casas, Lisa Marie, Ryoo Seung-Wan y Richard Stanley) la lista de los siempre temidos galardones. Con silbidos fue recibido el premio a Mejores Efectos Especiales para Eva (Kike Maíllo, 2011), y con aplausos los cuatro reconocimientos a Attack the block (Joe Cornish, 2011), el guion de The Woman (Lucky McKee, 2011) y a Red State, como Mejor Película. Kevin Smith agradeció el premio en un vídeo desde USA y, tras una larga Gala de Clausura, el Festival inició su adiós definitivo con la gélida y gélidamente recibida The Thing (Matthijs van Heijningen Jr., 2011), reboot y precuela del clásico de John Carpenter.

Tal vez un sueño profundo en el hielo hasta el próximo octubre sea lo más acertado para sedientos del fantástico, el terror y la ciencia ficción. Quizá pase un coche que pueda llevarme hasta la Antártida. Quizá, tal vez, ¿puede un robot dudar, plantearse un futuro? Cuando cierro los ojos veo…

TRES… DOS… UNO. (Sonido-chirriante-que-marca-el-off-de-un-sistema-suspendido-hasta-nuevo-aviso-krackkrackaput).

viernes, 14 de octubre de 2011

Día 14 de octubre: El terror que vino del frío

Es una pena que la Zombie Walk se reserve para los últimos días del festival. Se entiende como un colofón, pero después de tanta metralla coagulada toparte con tipos de media cara reventada, lolitas resurrectas y balazos en la frente no impacta con la misma fuerza. Un par de víctimas más, andando por los pasillos. Y eso aquí es de lo más corriente.

Quien sí que no entiende de separaciones entre el mundo de los vivos y los muertos es Eva Green en Womb (Benedek Fliegauf, 2011), una mujer enamorada de su alma gemela desde la infancia y que, ya en la adultez, termina perdiéndola a costa del accidente más estúpido. Los avances de la medicina y la biología le permiten tomar una solución radical: quedarse embarazada de un clon del pobre finado. Hay ecos obvios de Birth (Jonathan Glazer, 2004), aquella película con Nicole Kidman obsesionada con un niño que a ella se le antojaba la viva imagen de su marido muerto. Pero Fliegauf rota el cristal para mostrar la versión fría, con esas lanas gordas que recuerdan a Eva (Kike Maíllo, 2011), de un drama menos místico y sobrenatural y más intimista. Empieza a despedirse el festival en idénticos parajes a los del día de inauguración: páramos de hielo, paseos junto al mar picado, manos enguantadas y catástrofes románticas provocadas por personajes caprichosos e inmaduros. Y tanto carámbano termina clavándose en el alma de la película, igual de congelada que su estética. Un granizado con sabor a agua, a pesar del riesgo que adopta el guion al establecer lazos incestuosos entre la madre y el hijo-eco-del-novio.

Dulces sueños poco a poco embargan al cronista más cansado. No estaría mal una pastilla capaz de hacernos dormir durante las sesiones más pesadas del certamen. Un sueño inducido… y consentido: en Sleeping Beauty, de Julia Leigh, una joven universitaria (Emily Browning) se ve abocada a compaginar trabajos basura, tests experimentales y noches como prostituta de lujo para sufragar sus estudios. De aplaudido talento literario, la australiana Julia Leigh se pasa al cine reincidiendo en los temas que ya aparecían en sus novelas: la lectura negra de las clases altas y la sucesión de escenas aparentemente normales o inocuas que esconden pulsiones subversivas. Y demasiado escabrosos, aun rodados con máxima elegancia y elementos mínimos, son esos encuentros entre la joven drogada en una cama y los ancianos que acuden a aprovecharse de su sueño. La versión descarnada del cuento de La bella durmiente no demuestra tantas metáforas como su directora querría, y se nota que necesita mayor manejo del lenguaje audiovisual en cuanto los escenarios y el número de personajes se amplían y complican. Reina de contemplar el detalle sobre papel, en pantalla parecen sólo oquedades, manierismos, poesía de aliento raquítico. La forma oscura de un bostezo.

Al despertar, la calefacción era sólo una quimera. Tras tantos días, el aire acondicionado del Auditori continúa funcionando a máxima potencia y en pantalla se repiten las carreteras cubiertas de copos grandes como fiordos. Porque estamos en Noruega y acompañamos a un trío de universitarios que pretenden grabar un documental sobre la caza del oso. Como no podía ser de otro modo, el animal aquí es mínima amenaza y el objetivo se revela en realidad una horda de trolls de distintos tamaños, nombres y formas. El esquema de El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999) no deja de sumar fanáticos que, como es el caso de André Øvredal, director de este The troll hunter (2010), intentan que la historia tras la técnica no sea siempre la misma. Cierto tono sarcástico y desmitificador de ese método narrativo abre y cierra la cinta, cargada de más humor, carreras alocadas y burlas hacia la mitología nórdica que de sustos y desmembramientos. Los trolls, que casi se dirían diseñados por Jim Henson, acaban provocando más simpatía que espanto, y como todo largometraje de este estilo que se precie, termina de forma abrupta, concediendo al público una pequeña broma más para fundamentar su supuesto aire documental.

¿Y si son reales los zombies que han pasado de largo por las salas? ¿Y si están intentado camuflarse entre nosotros en este día escogido para fingir que somos como ellos? ¿Y si descubro una verdad que hasta ahora nos ocultaba el gobierno? ¿Y si cojo una cámara, escojo la opción de visión nocturna y bajo a la Zombie Party con toda mi actitud temeraria…?

jueves, 13 de octubre de 2011

Día 13 de octubre: Una isla, un monstruo y un cura... ¿Lost?


Miren al cielo: ahí fuera está la verdad, diría Mulder, pero también la amenaza. Ahora conduzcan sus miradas al suelo: ¿qué hay debajo de nuestras zapatillas, de las baldosas y el asfalto? Tras el cielo ocupado de Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011) nos han querido salpicar desde lo más profundo del océano, al mismo tiempo que se administran mensajes telegráficos de más o menos ambición moral. Remitentes: un coreano llamado Kim Ji-hun y la pluma más elevada de la Historia, William Shakespeare.

Dos incertidumbres instantáneas: ¿es posible que esos dos referentes quepan en el mismo festival de cine fantástico? ¿Es posible, cabe añadir, que alguien las vea sin sufrir algún trastorno esquizoide? No se preocupen, la zombie walk es mañana y los más moribundos podremos sumarnos a ella. Porque Julie Taymor, firmante de propuestas pretendidamente revolucionarias y de corazón frío, estudiado al milímetro (véanse Frida [2002] o Across the universe [2007]), es la directora de The tempest (2010), adaptación de la obra romance del Bardo de Avon. Reciclando la estética, algo menos áspera y cruel, de Titus (1999), Taymor re-cuenta la historia de Próspero, personaje que aquí cambia de sexo en manos de Helen Mirren, un mago exiliado en una isla junto a una joven que recibe con curiosidad a los náufragos de un navío. Intercalando canciones y efectos digitales un tanto acartonados, la obra se torna una cordillera de focos de atención variables y bostezos, interrumpidos por un par de varazos mágicos à la Gandalf. Aunque Lady Mirren contra los insensatos tenga su intríngulis.

Y no tan inofensivo es el visitante submarino que trepa las columnas de la planta petrolífera de Sector 7, el nuevo largo de Kim Ji-hun, vendido como miembro de la misma liga que The host (Bong Joo-ho, 2006). Aunque por sus imágenes promocionales parezca el remake coreano de Lost. La agradecerán más, sin embargo, los miembros de Greenpace que los auténticos fans del fantástico con monstruo en lugar cerrado: entre la poco claustrofóbica maraña de tuberías nos filtran una larguísima presentación de personajes más estereotípicos que una obra de Agatha Christie, una ñoña carrera de motos, una banda sonora borracha de Hans Zimmer y unos rotulillos finales donde se nos avisa de los peligros de la industria del petróleo. Que los monstruos son nuestros, pero no de nuestros padres ni de nuestros traumas, sino de la acción negativa que hemos ejercido sobre ecosistemas pacíficos hasta que los alcanzaron las tuberías del hombre. Palabrería visual. Sólo queríamos ver morir a todos los estúpidos personajes o a ese protozoo gigante a prueba de escopetas, ballestas, mecheros, explosiones y lanzallamas.

Idéntica tensión final, pero en otro tono sinfónico, aparece en Red State, una vuelta de tuerca en la filmografía de Kevin Smith. Tres imberbes, como imberbes eran casi dos tercios del público del Auditori (y pensábamos que Smith sonaría a rococó para las nuevas generaciones); tres muchachos salidillos pactan una cita sexual con una mujer madura que resulta ser la integrante de una secta religiosa. El terror de barrio, el de la puerta (de la iglesia) de al lado al servicio de una denuncia social, dirigida contra los mojigatos códigos morales norteamericanos y sus representantes. Una orgía sin sexo y muchísima violencia gratuita, ridícula, empañada de cinismo a partir de una cámara testimonial y de las propias frases de los personajes. En USA, tres adolescentes no podrían ver esa prometida y pervertida premisa, pero sí esta sucesión incansable de peroratas bíblicas, modelos de armas y fuegos cruzados. La denuncia es algo menos certera que su enfoque, y éste queda bastante afectado por un ritmo desigual y una profunda sensación de desagrado ante todo lo que está pasando. La obviedad para condenar lo obvio.

A última hora supimos que Balada triste de trompeta (2010) se alzó con el Méliès d’Or a la Mejor Película Europea, premio que ha venido a recoger en persona Álex de la Iglesia antes de la presentación de la película El monje (Dominik Moll, 2011), protagonizada por Vincent Cassel y basada en la novela homónima y fundamental de Matthew Gregory Lewis, sobre las tentaciones sufridas por un fraile de manos del diablo. Por estos lares ya queda muy poco para que a nosotros nos tiente y corrompa del todo…

miércoles, 12 de octubre de 2011

Día 12 de octubre: ¿Dónde está el tarro de los melocotones?


Empezó el día pálido de miedo y rabia. Apenas nadie lo sabía, ya que todo el país dormitaba su jornada de fiesta mientras unos pocos, pálidos, nada rabiosos, quizá algo temerosos, asistíamos a la proyección de Livide, el segundo largo de Julien Maury y Alexandre Bustillo tras la celebrada À l’intérieur (2007). Y el temor nacía del escaso entusiasmo que están despertando las propuestas vampíricas de este año (a excepción de Vampire, de Shunji Iwai), sumado al cambio de registro que supone esta historia con respecto al homenaje chopper de la anterior. Entramos con los pies pesados, quisieron que una vez dentro flotáramos. Salimos igual que antes, lívidos por la oscuridad de la sala.

Una bailarina de ballet, de moño prieto y tutú blanco y vaporoso, que queda suspendida en el aire. Quizá sea la imagen más poética de las contenidas en Livide, aunque haya que precisar que la auténtica sugerencia de esa estampa reside en la sangre que recorre la boca, el pecho, las manos de la ¿inocente? danzarina. La mezcla de ballet y vampirismo, un gancho de gran contraste cromático que la pareja de cineastas franceses ha creado a partir del giallo italiano, en realidad ocupa escaso metraje y aún menos importancia para la trama. Ese gótico steampunk se arropa de una media hora inicial tediosa y de tres incautos descerebrados que creen que colarse de noche en la casa de una anciana comatosa es tarea sencilla, y mucho más salir de ella entero… o con todas las partes de sus cuerpos en el lugar adecuado. Parece que ese motivo visual, de bella inquietud y reflexiones sobre la hermosura hecha pedazos, se mantiene intacto incluso en sus escenas más crueles, y, a pesar del giro hacia la sugerencia que sus autores han deseado demostrar, el resultado final es una Suspiria (Dario Argento, 1977) tan excesivamente racional y poco lúdica como ahogada en profundas lagunas argumentales. Eso sí, si alguien tiene un animal disecado en casa, que lo tire a la basura antes de verla.

La flojedad de Livide pareció confirmarse en una rueda de prensa donde sólo interesaba comentar la nueva ola de cine fantástico francés, para extender su ejemplo a un supuesto y similar fenómeno español. Y un fenómeno, que no desea encasillarse según la definición más repetida de dicha palabra, es Nacho Vigalondo, capaz de generar inmensas colas (de público) ante el estreno de su, también, segunda película. A la contra (o al contrario) de Los cronocrímenes (2007), Extraterrestre se alinea con el tono cómico de los cortometrajes del cineasta, y lo hace re-imaginando los parámetros de la ciencia ficción con alienígenas, de un modo más sencillo y fresco que la inaugural Eva (Kike Maíllo, 2011). La premisa: Julio (Julián Villagrán) se despierta en la cama de Julia (Michelle Jenner) sin recordar nada de lo que ha sucedido durante una noche de borrachera.

La sorpresa mayor, en teoría, es descubrir que sobre Madrid flota no ya una bailarina ensangrentada, sino una nave espacial gigante. La sorpresa mayor de verdad la provocan las corrientes de afecto, traición, desagrado y estupidez que atraen y repelen a cuatro personajes encerrados la mayor parte del tiempo en un piso de Lavapiés. Y su humanidad, tan risible y cálida, juega a favor de un sentido del humor de toques castizos (como un itinerante tarro de melocotones), de una irreverencia absoluta hacia los tópicos del cine de invasiones estelares y de un tremendo pulso que mantiene (que no desvía) la atención sobre lo extraterrestre, casi siempre fuera de campo, junto a los elementos de carácter más íntimo. Como Los cronocrímenes, Extraterrestre es mil cosas, pero lo más bonito es que sea una historia de amor, sin concesiones al remilgo; de amor entre los personajes, de amor entre el público y los personajes, de amor entre Vigalondo y todas sus fuentes cinematográficas.

En esta ocasión, una audiencia entregada a la risa desde lo más hondo de sus pulmones sí que abandonó el Auditori en un estado de ligereza que reafirmaron las masterclasses con Bryan Singer y el propio Vigalondo, capaz en pocos minutos de lanzar pullas contra cierto cine español, comentar un consejo de Howard Hawks, contar un chiste pésimo, revelar secuencias alternativas y proyectos futuros: la muy sugerente Windows, que nos mostrará a través de la pantalla del PC un thriller con triángulo amoroso obsesivo y freak, en la línea de su ópera prima. Singer, por su parte, narró un bastante tópico recorrido autobiográfico con guiños al Singer que un día también se sentó en las butacas de los festivales, a sus cortos de Star Treck Murders, rodados con kétchup y Barbies, y a su auto-arrogado descubrimiento de Ethan Hawke cuando ambos eran unos críos y vivían en la misma manzana.

Imaginación que no falte, la que nos convoca a flotar en el ahora y ante la perspectiva de próximos materiales igualmente innovadores. Pero no se excedan: si los aliens nos visitaran, no sólo terminaríamos aburriéndonos de ellos, sino que convertiríamos sus naves en centros turísticos con miradores. Vigalondo dixit. Almodóvar, en cambio, habría construido sobre el platillo una plaza de toros. Olé.

martes, 11 de octubre de 2011

Día 11 de octubre: La melancolía por una botella de whisky


Profecías cumplidas. Lo más interesante de un festival concentrado en el género es que sus representantes no sean sólo explosiones acumulativas, fuegos de artificio más o menos sonoros que eclipsan al previo y conforman un batiburrillo. Lo mejor es que cada cinta replique a otra, que se abra un diálogo entre cineastas de procedencias distintas y un hilo narrativo continuo. Algo a lo que aferrarse en la marea de horarios irregulares, retrasos, cancelaciones y opiniones dispares que están a punto de provocar un cortocircuito en esta robota. ¿Lo huelen? Huele a quemado.

En Another Earth (Mike Cahill, 2011), una réplica amable e inmóvil de la Tierra pasaba a ocupar el cielo de una mañana para otra. O eso daba a entender el metraje. En la rueda de prensa de aquel día, el director bromeó acerca de un plano al final de los créditos en el que se vería a las dos Tierras chocar y arder en llamas. Curiosamente, condenó esa idea mainstream como algo propio del cine de Michael Bay. Y, sin embargo, alguien tan opuesto como Lars Von Trier ha decidido emplear esa imagen como apertura de su aclamada y monumental Melancholia. Melancolía es un planeta, en teoría oculto tras el sol, que de repente emerge en nuestro sistema solar con una trayectoria mortífera para nosotros. Melancolía es, también, la sensación que va embargando a Justine (Kirsten Dunst) el día de su boda, y que la conduce a las garras de una depresión de manual, de la que ninguno de los miembros de su familia, ni su reciente marido, es capaz de salvarla.

Von Trier, que en sus largometrajes luce y analiza sin pudor sus accesos depresivos, ha elaborado un extenso (demasiado extenso, quizá) tratado sobre la depresión, entendida como ese estado melancólico del alma que ansía algo imposible de alcanzar. Un sentido vital. Imagínense, entonces, la escala que adquiere el conflicto si sabemos que en unas horas todo lo que ha existido sobre la superficie terrestre desaparecerá para siempre. Sin embargo, y a la contra de sus últimas películas, el cineasta no carga las tintas en la radicalidad del concepto y prefiere concentrarse en el aspecto más lírico y emocional del relato, alcanzando secuencias, interpretaciones y contrastes visuales de auténtica altura, tan pretenciosas y tan preciosas como no veíamos en su cine o en el cine apocalíptico hacía mucho tiempo. El resultado no es apto para públicos de sueño fácil y poco exigentes, pero quien quiera sufrir la misma clase de terror que Contagion (Steven Soderbergh, 2011) encontrará en la escena final de Melancholia, atravesada por un sonido aterrador que se posa sobre toda la sala, un momento de idéntico desasosiego.

Después del fin, del fin de todo, érase una vez. No es que esta robota haya sufrido un cuelgue en su sistema, es que la esperadísima nueva obra de Francis Ford Coppola se abre con dichas palabras. Rodeado de actores de confianza, el reputado director, harto de su reputación, o de que por activa y pasiva le recuerden la grandeza de sus obras maestras, ha decidido que Twixt sea un perfecto ejemplar de serie B rodada con los mejores medios. Incluido un 3D totalmente prescindible, recurso del que Coppola parece mofarse mediante un sistema que indica al espectador cuándo colocarse las gafas. Y que sólo sucede en dos breves ocasiones. Papá Coppola piensa en los tabiques nasales del público. Lo demás, un discurso nada sesudo sobre el estancamiento y la fertilidad creativa de la mano de un escritor de novelitas de terror (un Val Kilmer cada día más orondo), cuya musa se llama Whisky, que llega a un pueblo donde antaño se detuvo Edgar Allan Poe. Mezclando leyendas locales y trances oníricos, desarrolla una nueva historia gótica digital que toma los elementos clásicos de la literatura de horror de la América profunda (el mismo Poe o Nathaniel Hawthorne) para convertirlos en un ejercicio de liberación, en una enorme broma que seguramente no sea entendida por los talibanes de El Padrino.

Y entusiastas del terror se mostraron Carles Torrens y Rodrigo Cortés, como director y guionista, respectivamente, de Emergo. Esta cinta de casa encantada, que se mueve entre los límites de la realidad, lo sobrenatural y las proyecciones psíquicas, fue acusada por algunos de mera copia del esquema estético de la saga [·Rec], a lo que sus creadores replicaron con una reivindicación del estilo documental y el uso de formatos analógicos como un apoyo para la historia. ¿Acaso le recriminamos a una película el uso del plano medio, tan frecuente en otras tantas? Pues eso.

Más tímido se mostró Bryan Singer en la rueda de prensa que preparó el terreno antes de la entrega del Gran Premio Honorífico durante la gala nocturna. El director de la saga X-Men habló sin tapujos y con mucha humildad de sus proyectos frustrados, el próximo estreno de Jack the giant killer (2012) y la adaptación cinematográfica de Battlestar Galactica; de su infancia enamorada de la sci-fi, sus primeros paseos por los festivales y su enorme interés por todos los reboots y nuevos enfoques de la gran industria hollywoodiense. Prácticamente, de no ser por su fama, como cualquiera de nosotros.